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El Libro y el Internet (O Livro e a Internet)

Agradezco, en las personas de Raúl Padilla López, mi conocido y antiguo amigo, y de la Directora General Marisol Schulz, a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara la invitación para esta conferencia. Viejo admirador y participante de esta realización monumental, que irradia a toda América Latina — y hoy hasta América del Norte — el amor al libro y la grandeza del libro.

Quiero agradecer la solidaria presencia de la Embajadora Beatriz Paredes, compañera de muchas reflexiones sobre los caminos del desarrollo humano y social, de la búsqueda de la plenitud democrática de nuestros países y de nuestro continente, líder extraordinaria que, con seguridad, tiene aún en su carrera que ofrecer grandes servicios prestados a México y al pueblo mexicano.

Señoras y señores

¿Donde queda la sabiduría que perdimos en el conocimiento?

¿Donde queda el conocimiento que perdimos con tanta información?”1

T.S. Eliot

1 “Where is the wisdom we have lost in knowledge? / Where is the knowledge we have lost in information?” T.S.Eliot, Choruses from the rock

Mi generación vivió entre la magia y la realidad. Ocurrieron hechos y se crearon cosas que nunca soñamos que pudiesen existir. / Los descubrimientos científicos pusieron en nuestras manos milagros inimaginables. De pronto, frente a un monitor frente a nosotros, la TV, podemos asistir lo que ocurre en todas partes y en el mismo instante en el que ocurren. / Con un pequeño paralelogramo, una cajita que cabe en la palma de mi mano, el celular, podemos localizar a cualquier persona, en cualquier lugar del mundo y hablar con ella, comunicar, transmitir noticias, saber del clima, hacer cálculos y recuperar los recados que envió otra máquina — la computadora — en una conexión universal donde pasan casi instantáneamente todas las informaciones que deseo, / sobre todo millones y trillones de datos que cambian a cada segundo, sin un centro organizador y productor, que va creciendo en la medida que alguien se agrega, en esa telaraña que no tiene límites, gana el infinito y se llama red. /

La historia de la humanidad está marcada por cambios más o menos bruscos que alteran su curso. Solamente con el Homo habilis, hace dos millones y medio de años, surge la capacidad fisiológica del lenguaje, calvez con la comunicación simbólica, y apenas con el Homo sapiens sapiens, hace menos de doscientos mil años, surge el lenguaje propiamente dicho. No sabemos como se dio pero que si transformó profundamente a la sociedad humana.

La comunicación entre los hombres es diferente porque es un contacto no sólo con sus iguales, sino con los otros, / con los dioses, y el arte parietal / — las pinturas de los hombres prehistóricos en las cavernas — / es el ejemplo más acabado de como la comunicación se da no sólo en su imaginario, espacio, tiempo sino atravesando el tiempo, como el deslumbramiento de la caverna de Lascaux lo comprueba al alcanzar de lleno nuestra sensibilidad.

Hace cien mil años el lenguaje hablado comienza a diversificarse. Él es el instrumento que permite el trueque, que permite el intercambio de cultura, que permite la formalización de estructuras sociales, y que es el portador de su propia transformación.

En el Fedro, Platón hace que Sócrates exponga el problema del lenguaje escrito al contar una leyenda egipcia: Thot inventó los números, la astronomía y finalmente la escritura. Llevó estas artes al rey de Tebas, Thamus, y las explicó una a una, defendiendo su utilidad. Cuando llegó a la escritura: / “Oh rey, le dijo Thot, esta invención volverá más sabios a los egipcios y fijará su memoria, / descubrí un remedio contra la dificultad de aprender y recordar.” “Ingenioso Thot, le atribuyes el efecto contrario verdadero. La escritura sólo provocará en las almas el olvido de los que conocieron la sabiduría, haciendo que abandonen la memoria; al confiar en este auxilio, / dejarán a caracteres materiales el cuidado de recordar las memorias de las que su espíritu habrá perdido la huella. Das a tus discípulos la sombra de la ciencia pero no la ciencia. Cuando ellos hayan aprendido muchas cosas sin maestros, creerán que son sabios, pero serán en general ignorantes y falsos sabios, insoportables en el trato de la vida.”2

2 Fedro, 274b.

La escritura cambió a la literatura. Sus primeras formas eran dedicadas sobre todo a la mitología y a los dioses, y la memoria era su soporte. Podemos ampliar un poco más este concepto: / la memoria y su base física, las personas, sacerdotes y aedos. / Su función es darle cohesión a la sociedad. / De la multitud de pequeñas narrativas, en la diversidad de los narradores y de las devociones locales, surgieron la Epopeya de Gilgamesh, registrada hace cuatro mil años; la Odisea, la Iliada, la Biblia los libros de Isaías y Oseías — y los cuatro Vedas, hace dos mil ochocientos años atrás. En los primeros tiempos la variación de lo que se escribe sigue en parte la de sus fuentes. Queda en ellas, entretanto, un aspecto fundamental: son formas poéticas altamente mnemónicas. / Homero usa fórmulas como “Atenea. la de los ojos garzos”, “Aquiles, el de ligeros pies”, hemistiquios predecibles, marcas rítmicas esenciales. /

La cuestión de lo que significa la sabiduría, y de la dificultad de comprender las informaciones que esos textos nos dan, se vuelve un tormento en nuestro tiempo, / en nuestra sociedad de la información, en la que ésta nos inunda como las crecidas invaden a los ríos. / Mas así se hizo la civilización de la Mesopotamia a China, en estas pequeñas representaciones del lenguaje, capaces de preservar y transmitir, restos, fragmentos que hoy, emocionados, vemos como el comienzo de la historia.

La tecnología de la escritura fue usada, desde un comienzo, como instrumento de poder. Claude Lévi-Strauss — que fue mi amigo y con quien mantuve una buena correspondencia — / tiene una frase muy fuerte: la escritura “era usada para facilitar la esclavitud de otros seres humanos”. La escritura estuvo asociada con la estructuración de las sociedades, la formación de jerarquías internas y de supremacía externa. /

La capacidad de aprender sin un maestro, el planteamiento del faraón, fue una de las grandes hazañas de la escritura. / Pero la verdadera proeza fue acelerar la velocidad en la que el conocimiento — información y también sabiduría — se transmitían. / Los intervalos de la naturaleza siempre están acelerándose, y este impulso fue aún mayor: la vida tiene cuatro mil y trescientos millones de años; los primates diez millones; Homo, dos millones y quinientos mil; Homo sapiens y lenguaje hablado, / doscientos mil; escritura, cinco mil trescientos años. El brusco paso de la difusión de la cultura oral a la cultura escrita tomó veinte y cinco, treinta siglos. Una eternidad, y también sólo un instante. De la escritura a nuestros días corre la Historia.

La biblioteca de Alejandría reunió el conocimiento en el más ambiciosos proyecto cultural de la humanidad. / No sólo se almacenaban los libros y las ideas, sino que eran traducidos, vueltos a traducir, copiados, estudiados, divulgados. El pensamiento avanzó. Alrededor de doscientos años antes de Cristo, su bibliotecario, Erastóstenes, ya había calculado el diámetro de la tierra con precisión. /

En Roma, los grandes hombres tenían también que ser escritores. Era parte esencial de su reputación y calidad de lo que escribían. Así la memoria de Cicerón y de César encuentra la de Virgilio y Plutarco. /

La lectura y el libro caminaron. En la Edad Media la copia era un arte, los libros y las bibliotecas eran preciosidades. Las bibliotecas de las primeras universidades como la Sorbonne, poseían unas cuantas centenas de ejemplares. / Entonces llegó la revolución de Gutenberg. Con la imprenta la difusión del conocimiento daría un salto.

La Galaxia Gutenberg

El libro de Gutenberg, nuestro libro en papel impreso con tinta, ya lo dije y lo repito, es la mayor invención tecnológica de la humanidad. Como la cuchara, la tijera, el martillo, la rueda: una vez inventados no pueden ser mejorados, como dijo Umberto Eco. / Singular creación, fuente de difusión del conocimiento. No necesita energía, se puede llevar a cualquier parte, puede ser leído en cualquier situación, se cae y no se rompe, no necesita compostura. / El modelo es perfecto y no necesita de modificaciones. Se puede hacer de una y mil formas, mas lindo o más feo, barato o caro, de lujo o de bolsillo, edición limitada o millones de ejemplares, / en chino, en ruso, noruego, vasco, español, portugués. Saber leer — y leer el libro — es la más básica de las necesidades. /

La estructura románica del conocimiento que había atravesado la edad media, con la creación de la universidad como un elemento decisivo, encontraba su límite en la capacidad de reproducción de la palabra escrita. La proliferación de copistas tenía sus límites. / La imprenta cambió el paradigma.

El papel había sido el primer aporte tecnológico. De antiguo origen — / en China se encontró un mensaje escrito en papel del siglo ocho antes de Cristo / — comenzó a ser difundido en Occidente a partir de la conquista árabe en el siglo ocho después de Cristo.

En mil cuatrocientos y cincuenta la máquina de Gutenberg, con el tipo metálico móvil, cambió la escala de lo posible. / Aunque el propio inventor perdiese su primer equipo para los banqueros, / el ejemplo magnífico de la Biblia de cuarenta y dos líneas – ¡impresa en trescientos ejemplares! – acabó con las limitaciones del conocimiento leído. Los libros impresos antes de mil quinientos, llamados de incunables, fueron más de todo lo que se había producido en los mil años anteriores: veinte y nueve mil títulos y ocho millones de ejemplares.

La demanda por copista se había transformado, de repente, en la demanda por lectores. Fue así que, un siglo después, Montaigne podía leer, en algunos meses en su biblioteca personal, más libros que cualquier otro erudito hubiese podido leer en su vida entera. Lutero hizo de la Biblia el libro de cada cristiano. Ni el fiel, ni el gobernante podrían ya ser iletrados. El libro era el camino para la comprensión.

El libro hizo posible la expansión de grandes ideas, hizo posible la ciencia, fue el instrumento que construyó la humanidad pensadora y dio la verdadera dimensión humana: / moldeó a las personas. / Con la Reforma y la Contrarreforma se abrió un tiempo nuevo para la religión cristiana. La Biblia se vuelve el centro del catolicismo y de las demás iglesias cristianas.

El Estado moderno surgió en libros: Maquiavelo, Moro, Montaigne, Hobbes, dialogaban con un público. / Y todavía fue ese Estado, construido por los políticos lectores — y autores — de esos libros, que intentó limitar la libertad de imprenta, identificando en el libro el elemento de insubordinación al poder y creando la necesidad del imprimátur y del depósito legal, controlando la impresión y hasta la producción del papel. /

La relación entre el libro y el conocimiento es aún más profunda: éste no sólo difundía lo que había sido descubierto sino también era el gran incentivador del experimentalismo científico. La obra compleja de Pascal, convergencia entre la crítica de la razón, del estudio de las matemáticas y los descubrimientos de la física, vive un estado de emulación, donde todo se transforma en libro, todo cambia por la circulación del conocimiento. /

Estas dos vertientes, la de la política y la del conocimiento, son el punto de partida de los enciclopedistas y del pensamiento revolucionario. L’Encyclopedie ou Dictionnaire raisonné des sciences, des arts e des metiers, par une societé des Gens des lettres, de Diderot, de d’Alembert, fue publicada en constante desafío a la censura y a la policía. / Sus veinte y ocho volúmenes con setenta y dos mil artículos, tiene dieciocho mil páginas. / Se trataba para entonces de la posibilidad de reunir y repensar el conocimiento humano, y ponerlo a debate.

El conocimiento puesto al alcance de todos — el tiraje fue de cuatro mil ejemplares, los lectores cerca de quinientos mil, de los cuales veinticinco mil “activos” / — mostrando a las máquinas y a los seres vivos en grabados muy detallados.

Fue la amplia circulación de las ideas de esas revoluciones, del constitucionalismo, del nacionalismo, que se extendió por todo el mundo en la forma de nuevos países y nuevos regímenes. Surgieron Alemania, Italia, Bélgica y los países latinoamericanos. / ¿Qué fue lo que lo hizo posible? / El libro.

La segunda ola, la del socialismo, radicalizada a partir de la comuna de París, llegó, también ella, sobre el mar de la escritura. La influencia de Marx y Engels, del (18) Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, y después de Lenin, y todavía, a mediados del siglo pasado, del Libro rojo de Mao, terminaron por romper la lejanía que el proletariado tenía del poder. /

El libro es sinónimo de educación. Y es de Confucio la máxima: “Donde exista buena educación, no habrá distinción de clases.” / La sabiduría milenaria ya nos señala el carácter libertador de la educación. A través de ella, y sólo a través de ella, el ascenso social se vuelve igualitario.

En una tercera vertiente, el libro abrió camino para la expansión de la literatura. Las primeras obras primas en lengua local, el Decameron, la Divina Comedia, los Cuentos de Canterbury, ya habían sido ampliamente difundidos en incunables. / Pero el Renacimiento trajo una explosión sin precedentes de la narrativa y la poesía. De la Utopia a Gargantúa, de Ronsard a Camoes, de Shakespeare a Cervantes, los caminos de la literatura se abren en un abanico, anunciando la infinita variación de la expresión creativa. /

Ahora, la Revolución Digital

Con la Revolución industrial la tecnología trae transformaciones de otra naturaleza. Cambian las formas de producción, la relación del hombre con la máquina, la distribución de la población entre campo y ciudad, los desplazamientos y el dominio de la electricidad. Un campo tiene la primacía de las transformaciones: / el de la electrónica.

Presenciamos hoy una fase de esa evolución que no deja de asombrarnos, la del advenimiento de la convergencia entre las áreas de redes de comunicación y de computadoras / que es un fenómeno de diferente naturaleza de las demás. / Con ella surge la comunicación a nivel planetario. La revolución que vivimos desde fines del siglo veinte, como las anteriores, no sólo altera y transforma nuestra economía, costumbres y valores, sino que cambia radicalmente nuestra relación con el mundo y nuestra forma de pensar — lo repito, para una reflexión más profunda: nuestro modo de pensar.

De pronto, con la televisión y la computadora creamos generaciones que, en el espacio de una vida, pasan de la cultura oral directamente a una nueva forma de cultura, la visual, sin pasar por la cultura escrita. En una ocasión, conversando con el gran escritor Alain Peyrefitte, éste hizo una instigan pregunta: “¿Como será la cabeza de esa generación que pasa por esa transición?”

Como en los tiempos prehistóricos, las pinturas representaban la caza, la vida y la muerte, / escenario de un ritual, / la televisión nos muestra imágenes abstractas, reales o imaginarias — y hasta pseudo-hechos, fake-news. / La muerte, la violencia, son aprehendidas como una catarsis de lo cotidiano. Es imposible comprender

Si los individuos de principios del siglo pasado tenían acceso a un volumen muy limitado de informaciones, en la actualidad nos enfrentamos a un exceso de ellas.

En Occidente, la invención de la imprenta coincidió con la consolidación de las grandes lenguas, liberándolas de golpe / del latín. Hoy el internet abre espacio para las particularidades de los dialectos. / Tenemos al mismo tiempo la exacerbación de las identidades locales y el manto oscuro de la globalización, / y los dos caminos se encuentran en el mundo virtual.

Las nuevas midias, por su parte, / crearon nuevos espacios virtuales, destruyendo así las fronteras entre lo público y lo privado.

Para que la censura controlara las midias modernas como el periódico, el cine, la radio y la televisión bastaba con controlar el centro emisor. / Sin embargo, en el caso del internet, esto no es posible, ya que se trata de una midia conmutativa que permite la comunicación y la información a distancia a través de redes en constante expansión.

Cuando la Teoría de la Relatividad habló de un espacio curvo y de una cuarta dimensión, donde el tiempo, que es una dimensión del espacio, resulta una mera ilusión, nos dejó perdidos en el tiempo. Lo único que restó fue una constante: la velocidad de la luz. / El internet arrasó con todo: el tiempo real es el instante, / pero este instante puede ser diferente si lo vemos en un televisor que recibe la imagen por satélite o en otro que lo recibe en broadcast; y ninguno de ellos es realmente real.

Trasponiendo el mito de Thot hasta nuestros días, podemos preguntarnos si el internet, al ocupar el lugar de la nueva escritura, estará mermando el uso de nuestra memoria y sólo nos estará ayudando a encontrar referencias e informaciones sobre determinados asuntos en menoscabo del conocimiento y la sabiduría. ¿Será que, al usar el internet los individuos estarán tornándose, aparentemente, versados en todo, cuando en realidad ignoran la mayor parte?

El Dominio de la Internet

¿Qué cambios se dieron en nuestra manera de pensar, en nuestras costumbres y en nuestros sentimientos durante milenios y quedaron registrados en la formación del hombre? Nos acostumbramos a convivir con la alegría, con la tristeza, con el amor en todos sus niveles, con la noción de trabajo, con los valores de la familia, con la violencia, y todo esto de manera artesanal. Se creó un mundo para el cual no estábamos preparados, un mundo diferente, de cosas que no podemos controlar y al cual tratamos de adaptarnos, en vez de adaptarlo a nosotros. Todo cambió.

Si ya resultaba difícil conocer la verdad, ahora todo es más complejo. / Recordemos la pregunta de Pilatos, aquella que Unamuno afirmaba ser la más profunda del Nuevo Testamento, “¿qué es la verdad?”. / El mundo digital hizo imposible distinguir lo falso de lo verdadero. Resulta inalcanzable diferenciar lo virtual de lo real. Todo puede ser real y virtual. Son tantas las verdades que ya no se sabe qué es verdad. Lo que antes era verdadero, hoy vaga en la incertidumbre. ¡Y ahora tenemos que surge esa palabra opaca, de vaga definición, que se llama pos-verdad!

El aprendizaje del hombre no es sólo una simple cuestión de información, sino también — retomando los versos de Eliott — de conocimiento y sabiduría.

El conocimiento organiza informaciones en sistemas, no se limita a acumularlas. Los propios vehículos de la sociedad de información — redes, world wide web, canales de teletransmisión — están organizados en sistemas, cuya complejidad es más aparente que real.

No es nueva la verificación de que las informaciones registradas por las computadoras, ante la sucesión de programas y lenguajes informáticos, se vuelvan ilegibles en pocos años, inclusive por la desaparición de equipos capaces de leer los documentos virtuales almacenados. A este respecto el mismo Bill Gates insistió en que fue necesario saber leer y escribir para crear la computadora, y todo esto es una creación del libro de papel.

En internet, por tratarse de una red sin centro, todos los puntos tienen igual control sobre los demás, y todo punto puede ser conectado a cualquier otro punto. Por no ser jerárquica, la red privilegia las comunicaciones transversales, las relaciones entre los puntos y sus posibles combinaciones. La funcionalidad de una red interconectada como el internet crece exponencialmente con el cuadrado del número de puntos interconectados. Es la lógica de la abundancia contra la regla económica del valor ligado a lo escaso.

Con la popularización del internet a partir del año dos mil, otro tipo de servicio de comunicación y entretenimiento empezó a crecer: las redes sociales. Lo que estas significan es que el concepto de red, del cual he hablado hace poco, es filtrado, al mismo tiempo, por la interpretación personal de los individuos y por la tendencia de los grupos a los que pertenecen. ¿Se acuerdan del antiguo juego del “teléfono descompuesto”, donde una persona decía una frase y la diversión consistía en ver cómo se transformaba al pasar de boca en boca? En la red social sucede lo mismo multiplicado por sus números gigantescos. Las posibilidades de alterar el sentido de un mensaje son infinitas.

Una información puede llegar a millones de personas en segundos. No la información distante que aparece en un periódico o en la televisión, sino ésa de la persona que está al lado. Entre una y otra están los filtros del sentido crítico. La verdad es certificada por la proximidad. La leyenda urbana se transforma en leyenda universal.

Los rusos, para influenciar en las elecciones de los Estados Unidos, no se valieron de una gran mentira, sino de miles de insinuaciones en las redes sociales dirigidas a segmentos precisos de las idiosincrasias locales: mineros, desempleados, creacionistas desconfiados de la ciencia, blancos que temen a los negros, negros que desconfían de los chicanos, inmigrantes inseguros, etc. Las fake-news consisten en lanzar ladera abajo pequeñas piedras que van a arrastrar piedras, bosques y selvas enteras.

La correspondencia es un arte inmemorial, con vida propia antes de ser una forma literaria. Gran parte de los registros más antiguos del lenguaje escrito, que son los conjuntos cuneiformes de los sumerios, es un intercambio de mensajes. Muchos de ellos de negocios, muchos de carácter afectivo o social, otros más registros políticos o administrativos.

¿Qué dicen estos mensajes?: “¿Cómo estás?, ¿Estás bien?” “Nació Uruk”, son las primeras señas de la escritura, como la piedra antigua, que existía en el museo de Bagdad, que fue hurtada: “Tengo dos cabras”. El big bang de la escritura en los primeros mil millones de segundos. Tienen una limitación: no son extensos. Estaban limitados por el tamaño de las tablillas de arcilla; por la dificultad de la escritura inicial; por la dificultad de leer. Los mensajes condensan lo esencial. No eran los ciento cuarenta caracteres registrados en unos segundos en Twitter, sino unos pocos signos escritos a lo largo de días.

La correspondencia, lo mismo que las epopeyas míticas, es una de las primeras formas de literatura. Posee un estilo y una finalidad. Lo que sobrevivió de ella es excelente: basta leer a Plinio el joven contando la erupción del Vesubio, a Seneca reflexionando sobre el estoicismo, o a San Pablo conformando la iglesia.

El periódico nace de ellas. Al final siglo XVI surgen las cartas con noticias que podríamos llamar de interés público (relationes, Zeitungen, gazzetas, occasionels). El más notable, un paradigma de la lengua francesa, es el de Pascal: las Cartas a un Provincial, que son al mismo tiempo un gigantesco esfuerzo de producción colectiva — cada carta, o periódico, era impreso simultáneamente en varios lugares de París, en una sola noche, de tal manera que la policía del cardenal Mazarin no consiguiera evitar su divulgación — y una cooptación intelectual del lector.

La novela epistolar surgió con Cárcel de amor, de Diego de San Pedro. Sin embargo, son las Cartas Portuguesas, de Mariana Alcoforado, que elevan la novela epistolar a la categoría de obra prima. Rousseau, que era de los que pensaban que una mujer no podía escribir tan bien, escribe La Nueva Eloisa; Montesquieu las Cartas Persas; Goethe, Las penas del joven Werther; y Laclos, Las amistades peligrosas.

En la tradición de Seneca, la filosofía continúa usando la forma de la correspondencia. Las cartas intercambiadas entre Erasmo de Rotterdam y Lutero a partir de traducción hecha por aquel del Nuevo Testamento — el uso de la palabra testamento surgió ahí — están en la base de la Reforma, pero en ellas se encuentran también muchos de los argumentos contra ella. Erasmo, por cierto, es autor de un tratado sobre el arte de la correspondencia. Y Voltaire escribió sus Cartas Filosóficas.

Una característica común en buena parte de estas obras es su espontaneidad, ya que son dirigidas a un interlocutor, en lugar de ser escritas para el gran público. Así, el autor muestra un nivel de profunda emoción.

Pero, volvamos al internet. En la actualidad lo que más se hace es intercambiar mensajes. El interlocutor puede ser una sola, varias o muchas personas, inclusive la población de todo un país o la población mundial. Se puede escoger el e-mail, el WhatsApp, el Facebook, el Twitter o uno de los miles de otros programas, y en todos, de una manera u otra, lo que se efectúa es un diálogo escrito. Aun cuando no se identifique al interlocutor. Algunos tienen limitaciones formales, sin embargo, todos tienen lo efímero como horizonte. /

Hoy ya nadie guarda con ternura una carta de amor en el internet, ni a su autor. Esas micro cartas, una vez enviadas, no tienen ya sentido. Ya no se respetan. La literatura que carece de cuidados al ser escrita, muere. /

El medio, la midia, es esencial al género. Si la escritura de los sumerios se limitaba a un breve espacio y se expandía en el tiempo, la escritura virtual abre el espacio y limita el tiempo. /

Así, por razones contrarias, los mensajes de nuestros días poseen parámetros parecidos a los de la antigüedad. La velocidad limita el tamaño del mensaje. Empero, aún para este tiempo de urgencia, el modelo todavía está en formación, todavía no se consolidó. Y no sabemos cuál es su forma literaria ni cuáles son sus patrones estéticos. Lo único que podemos hacer es especular. /

La epopeya fue la primera forma de poesía. Separada de los dioses / al igual que su hermano el teatro — / siguió los más diversos caminos. Dante, en la Divina Comedia, se hace guiar, en su exploración del más allá, por Virgilio, que, a diferencia de Homero, había adecuado su mito de Eneas a la deificación de Augusto. / El poeta florentino era casi más religioso que el romano, a pesar de haber transcurrido tantos siglos. /

En la antigüedad ya habían surgido otras formas poéticas. En la misma Biblia, los Salmos de Salomón y David siguen otro camino, son versos de amor. Amor divino o amor profano, la lírica varía de forma. Y siguiendo con Dante, en la Vita Nuova él escribe canciones, baladas y sonetos. Sonetos como muchos de los creados más tarde por Luís de Camoes y William Shakespeare, o, más cercano a nosotros, por Octavio Paz, quien cierra uno de ellos con este verso perfecto: “al oscuro oleaje de los días”.

El libro impreso mostró ser un espacio privilegiado para la poesía. Por otro lado la naturaleza misma de la poesía se encuentra en contradicción con la naturaleza de la midia social: ésta es efímera, pasajera, y la poesía es eterna.

Le falta tiempo de gestación. La creación poética, más que las otras, exige calma para germinar, tiempo para que la mariposa surja del capullo. Pero, aun cuando encuentre un espacio para ella, nunca sustituirá a la poesía impresa. La poesía salvará al libro impreso. La poesía no necesita mercado, no necesita ser best-seller, la poesía se opone a la ley de la abundancia y escoge la escasez. Cuanto más rara, más valiosa.

Es posible hacer una historia de los puntos sobresalientes de la narración ficcional sólo con los ejemplos hispánicos. Los juglares, con el Poema del Cid, el mester de clerecía, con las vidas de santos; los registros históricos medievales castellanos; Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita, con la sátira del Libro de Buen Amor, los romanceros, el Amadís de Gaula; o La Celestina de Fernando de Rojas, que muestra la madurez de la literatura española; la novela pastoril; la novela morisca, la novela picaresca, con El Lazarillo de Tormes, que, como La Celestina, está aislado en una alta y casi inalcanzable columna, y las de Quevedo, que experimentó con éxito una gran cantidad de mundos literarios; y el inclasificable, todos los libros en un solo libro, El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, el mejor libro escrito por el hombre; la novela corta, donde el ejemplo mayor todavía es el de Cervantes, la novela alegórica, con Gracián, que da el ejemplo de su visión del conceptismo en El criticón, / más adelante, los costumbristas, los realistas, con Pérez Galdós; / la obra particularísima de la generación del 98, con las novelas de Valle Inclán; / y, cada vez más distantes del cuadro, / la novela del siglo XX, de los de Camilo José Cela a Manuel Vázquez Montalbán. Pero dejé por separado a los escritores mexicanos: el primero de todos, por tantos méritos, Juan Rulfo — y recuerdo que sin él no habría García Márquez —; y el gran Octavio Paz; y Alfonso Reyes; y Carlos Fuentes; y Fernando del Paso, entre tantos y tantos otros. /

De todas las formas literarias clásicas, la narrativa es la que parece que se adapta más al internet. Las redes sociales están llenas de crónicas/cuentos/reportajes/autobiografías. En general son muy cortas. En general su adaptación al nuevo medio es precaria. El tiempo señalará los caminos. /

El internet, creado para la comunicación científica, privilegió un espacio literario que hace frontera con la ciencia: / la referencia. / Son innumerables las redes de información, en todas las lenguas, de todo tipo. Un gran número de ellas se reunió en torno a Wikipedia, creada al inicio del siglo veintiuno y que alcanzó proporciones excepcionales. Está hecha por setenta millones de colaboradores anónimos. La enciclopedia alcanzó cuarenta y seis millones y medio de acepciones en doscientos noventa y nueve lenguas; tiene dieciocho mil millones de páginas consultadas cada mes. El escepticismo con que se cuestionó la falta de confiabilidad de sus informaciones fue suplantado en algunos años, cuando se verificó que sus artículos eran más confiables que los grandes patrones históricos: la inglesa Britannica, la francesa Larousse, la alemana Brockhaus, la española Espasa.

La Wikipedia es casi universal. China es la excepción más importante: ahí está censurada. Se sustituyó con la Hudong y por la Baidu Baike. Los árabes tienen la Marefa.

Cómo son modestos los números de la Enciclopedia de Diderot frente a los de la Wikipedia. En su momento se discutía si sus artículos debían organizarse en orden alfabético o temático. La solución fue propuesta por Leibniz: la enciclopedia debe remitir siempre a otros artículos, ya que la mayor parte de las cosas pueden verse bajo diferentes perspectivas. El internet realizó la visión del matemático: creó los hipervínculos.

H. G. Wells soñaba con una “enciclopedia mundial permanente”, basada en una “síntesis mundial de la bibliografía, de la documentación y de los archivos clasificados de todo el mundo”. Para agregar “que no quede un analfabeto en el mundo”.

Este es un extraño espacio en que el libro de papel fue derrotado, y que está destinado a perder completamente. Se anuncia su genocidio.

Otra es la situación de la guerra entre el libro impreso y el libro digital. Ahí son posibles la paz y la cooperación, la formación de un gran acuerdo. Pues fue eso lo que sucedió cuando otros saltos tecnológicos vinieron a perturbar el mundo del libro, como en el proceso tipográfico y en la reproducción de los colores y la ilustración.

Las transformaciones tuvieron un importante impacto en el mercado editorial, por donde nosotros, escritores, llegamos al público. El retrato de ese mercado es impresionante. Cada año se lanzan dos millones y doscientos mil nuevos títulos en el mundo. Si en Brasil y México se editan en cada uno cerca de veinte mil nuevas obras, México tiene el doble de libros por millón de habitantes3. Pequeños números cercanos de los mil títulos por millón de Estados Unidos y todavía más de dos mil ochocientos del Reino Unido. Esos números representan un mercado gigantesco, mucho mayor que el del cine (!) y aún mayor que el del disco (!!)

3 IPA Annual Report 2014: 200 títulos por millón de habitantes para México, 104 para Brasil.

Fue en ese mundo dinámico, fundamental bajo todos los aspectos, que apareció el libro digital. El libro electrónico no se ve, se lee, no tiene tacto. Lo que tiene es el texto.

Los e-books llegaron al mercado con gran éxito. Los primeros años fueron avasalladores. Con el tiempo, el crecimiento disminuyó. Los entusiastas de los e-books atribuyen este hecho a un momento de transición y le apuestan a un reinicio de crecimiento exponencial. Y vibran de emoción con la cercanía entre escritor y lector, entre lectores, ya posible en algunas de las tecnologías que establecen observaciones a los libros en red.

Algunos científicos temen que la lectura electrónica pueda impactar negativamente en la forma como el cerebro responde a la comprensión del texto, en el centro y en la habilidad de retener detalles como la trama y la secuencia de eventos de un libro: puede estar capacitado para acumular información, pero no para tener habilidades de análisis crítica en profundidad.

Pero el e-book todavía no es una amenaza para el libro impreso. Algunos números parecen más intimidantes de lo que son. Em realidad, lo libro virtual es uno pequeño segmento del mercado. /

No es en él, sin embargo, que debemos buscar la respuesta a la cuestión de la sobrevivencia del libro. / Recuerden la imprenta de Gutenberg: en su primer medio siglo fueron veinte nueve mil títulos de incunables – lo que se edita hoy en cinco días – y cerca de ocho millones de ejemplares – menos de lo que hoy se imprime cada día.

El camino a una civilización que sea digna de este nombre pasa por el libro. Es el que nos permite pensar las relaciones entre Occidente y Oriente, pobres y ricos, cristianos y musulmanes. El libro abre la puerta del conocimiento, de la ciencia, del arte. El libro transforma lo efímero en permanente, lo humano en inmortal.

El internet abrió una gran cantidad de nuevos lenguajes y posibilidades de adquisición de conocimiento a través de redes sociales, de blogs o de e-books multimedia interactiva, dio acceso a un volumen inimaginable de información. Con él internet disminuimos considerablemente el uso de nuestra memoria. Pero esto no implica que nos hayamos vuelto más limitados.

Creo que sucederá lo contrario. El libro digital será un extraordinario espacio para algunos tipos de libro. El internet encontrará el lenguaje para cada nuevo modelo de comunicación. En muchos de ellos desarrollará una forma literaria, un modo literario.

Todavía el libro virtual necesita de un vehículo para expresarse. Regreso a Eco: “Pase usted dos horas leyendo una novela en la computadora y sus ojos se hacen como bolas de tenis”. Y no podemos leer en la tina ni con la tableta ni con la computadora.

Por otra parte uno de los grandes placeres de la lectura es voltear físicamente la página. Nos da un tiempo para pensar. Las personas compraban libros porque les gustaba leer. Ahora también los compran porque les gustan los libros, porque piensan en los libros como un objeto de belleza.

El libro impreso seguirá siendo la mayor invención de la humanidad, nunca desaparecerá; y la inteligencia humana sobrevivirá al internet, como — a pesar de las dudas originadas por el Rey de Tebas — sobrevivió, con gloria y grandeza, al presente de Thot.

La Feria Internacional del Libro de Guadalajara es una Meca de los devotos del libro, peregrinos del dios que se venera en esta catedral. A lo largo de los stands de los miles de editoriales, un millón de personas vienen a verlo, tocarlo, hojearlo, leerlo. / Son los fieles de esa religión que lo preservará. /

Voy a terminar con una confesión. En la búsqueda de una comparación, procuré leer en internet el texto virtual de Juan Rulfo. / ¿Dónde estaban en la tablet la magia, la ansiedad, el misterio, la emoción ante lo bello? / No lo encontré. / Regresé a mi ejemplar ya tan acostumbrado a la caricia de mis manos, y releo en la página blanca esas líneas inolvidables, eternas y que guardamos en la memoria para siempre.

Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo…

Juan Rulfo es de Guadalajara. / Pedro Páramo es del mundo y de la eternidad!

José Sarney

 

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